jueves, 21 de marzo de 2013

En venta




Madrid, 20 de Marzo de 2012



Se levantó muy temprano, como hacía cada día, a pesar de trabajar por las noches hasta altas horas de la madrugada. Las mañanas, las utilizaba para prepararse y mantenerse joven y bella. Vivía de su cuerpo y tenía que cuidarlo hasta la saciedad. Cansada, se miró al espejo, era lo primero que hacía cada mañana, buscando algún rastro del paso del tiempo, tarea ardua difícil, ya que casi la mitad del sueldo se le iba en retoques y productos de belleza, El resto, con que le llegara para pagar la hipoteca y poco mas, era suficiente. Para comer necesitaba muy poco, no se podía permitir el lujo de engordar.

Se sonrió a sí misma y con un guiño pícaro se dijo:-- ¡chica, no estás nada mal para treinta años que tienes! Todavía puedes dar mucha guerra! - Uno setenta de estatura, cincuenta y cinco kilos de peso y una cara bonita incluso sin maquillaje, con las facciones del rostro bien marcadas, boca grande, labios carnosos, pómulos prominentes y unos ojos negros, rasgados y profundos, en los que muchos hombres, se habían asomado y habían caído hasta el fondo de su corazón. Era lo que se podía decir una belleza latina, a no ser por su pelo, su melena negra, larga y lisa la había teñido de rubio, era totalmente necesario ese cambio, los hombres las prefieren rubias. El color del pelo y el tamaño de sus pechos, eran los dos únicos cambios drásticos, a los que había tenido que someterse….por ahora.

Se asomó a la ventana, hacía un día precioso de primavera. Realmente poco le importaba si lucía el sol o llovía a cantaros, nada, absolutamente nada, podía impedirle que todas las mañanas, sin excepción, a las ocho en punto, saliera a correr por el parque del retiro. Aunque ella prefería los días lluviosos. La sensación de libertad que experimentaba al correr, le hacía sentirse como que escapaba de su miserable vida y el agua chorreándole por el pelo, la cara, los brazos, las piernas, la hacía sentirse limpia. Igual que la lluvia limpia el ambiente de microorganismos y bacterias, a ella la limpiaba de los intrusos que por un rato entraban en su vida.
-Mierda! El ordenador- recordó con frustración como, la tarde anterior, su HP Pavilion se negó a arrancar, después de dos años de ininterrumpido esfuerzo por hacerle la vida más cómoda. No podría cargar su mp4.

Acostumbraba a salir a hacer deporte escuchando a Slayer, no es que le gustara especialmente el heavy metal, pero le ayudaba no sólo a mantener el ritmo de 20 Km a la hora sino que además y más importante aún, escuchar aquella música disonante, derivada del diabolus in música, prohibida durante tanto años por la iglesia católica por considerar esta que el diablo entraba en la música a través de esta composición, le hacía mantener la mente vacía. Mientras escuchaba estos acordes no pensaba en nada. Pero esta mañana si pensaría. Esta mañana, volverían a su cabeza los recuerdos de aquellos sueños de lo que podía haber llegado a ser su vida y las imágenes reales de lo que era.

Sin perder más tiempo Laura se colocó el pantalón, la camiseta y las zapatillas de deporte. Se cogió una coleta y salió a correr. Esa mañana no había tráfico, ni mareas de peatones enfrentadas en los semáforos tropezando unos con otros, intentando llegar a la acera contraria, a tiempo suficiente para subir al metro en hora punta; Tampoco había niños con mochilas, de la mano de sus padres tranqueando e intentando llevar el paso de los adultos, con sus pequeñas piernecitas. Ni barrenderos, ni furgonetas o camiones de reparto, ni siquiera había turistas, con bolsos llenos de mapas, itinerarios y cámaras fotográficas. Eran las ocho de la mañana de un domingo cualquieras y Madrid aún no había despertado.

Su casa, una extensión de 50 m repartidos en salón, dormitorio, cocina y un cuarto de baño, en la segunda planta de un pequeño edificio antiguo, restaurado hacia pocos años por la junta de Madrid, estaba situado muy cerca del retiro. Un par de semáforos, un par de manzanas y ahí estaba, triunfante y majestuosa, la Puerta de Alcalá. Justo detrás, no podía tener mejor nombre, el parque del retiro.

Desde su época de estudiante, cuando iba a la facultad de publicidad y marketing, a Laura le gustaba, en esos momentos en los que uno necesitaba soledad, ya sea para meditar, reflexionar, correr, leer o estudiar, apartarse del mundo y perderse en este increíble paraíso verde. En horas determinadas podía ser muy bullicioso, pero ella sabía exactamente escoger los momentos más adecuados, para estar a solas…. o casi a solas. Las ocho de la mañana de un domingo cualquiera era uno de esos momentos.
Cada rincón del parque por el que pasaba, le devolvía una estampa de su pasado. El banco, donde se sentaba a escuchar las melancólicas notas del acordeón, de aquel músico taciturno, al que ella, con su novelesca imaginación, le había inventado un triste pasado, basado en algún desengaño amoroso, tan triste y lamentable, que le había incitado a llevar esa clase de vida bohemia, con el fin de espiar una culpa, que probablemente no fuera suya; la escalinata del lago del palacio de cristal, donde Pablo, el chico al que conoció en la biblioteca de la facultad, cuando cursaban el segundo año y que estaba locamente enamorado de ella, le declaró su amor. Pablo era tan romántico, que no podía haber escogido mejor sitio para la ocasión. Ella, ese tipo de romanticismo no lo entendía, quizás porque nunca se había enamorado de verdad. Curiosamente en esos mismos escalones y un año después, ese mismo chico, le anunció que todo se había acabado, que él necesitaba alguien que lo amara, no solamente alguien a quien amar. Ella se fue sin mirar atrás y no volvió a pensar más en él; el árbol, bajo cuya sombra, leyó un otoño “antología poética de Mario Benedetti”, regalo de Francisco, un amigo muy especial. Un amigo del que probablemente si hubiera podido llegar a enamorarse, si no hubiera sido por el pequeño detalle de que él estaba casado. Ella no tenía reparos en abandonarse a la pasión en sus brazos, cada vez que él la llamaba, pero sus llamadas, cada vez eran más distantes en el tiempo, sus palabras menos seductoras y sus encuentros menos apasionados. Hasta que él, dejó de llamar, sus palabras se volvieron hirientes y sus encuentros inexistentes; la cervecería, donde ella, allá por la hora de la novela y la siesta, una vez que los turistas y paseantes del parque, terminados sus aperitivos, almuerzos y cafés comenzaban a marcharse, se sentaba con su libro de texto y sus apuntes, un café sólo y un paquete de Malboro.
Allí, comenzó a recordar Laura, empezó todo, durante una tarde tranquila, en una terraza solitaria, dentro de un frondoso y hermoso parque, en una bulliciosa ciudad.


Madrid, 10 de Febrero de 2007


_ ¿Lo de siempre? _ le preguntó, un simpático camarero al que no había visto nunca anteriormente, mientras limpiaba con una bayeta la mesa, cambiaba el cenicero por uno limpio, y sacaba el mechero para encenderle a Laura el primer cigarro de la tarde.
._ Si por favor_ le contestó ella. Mientras lo veía alejarse, Laura se quedó pensativa y al momento en cuanto apareció de nuevo trayéndole su café, sin aguantar su curiosidad, le dijo:

_ Oye ¿eres nuevo, no?

_si, empecé la semana pasada.

_y bueno ¿cómo sabes lo que bebo?

_ ¡así que no me he equivocado! Entonces eres Laura, dijo él con una sonrisa encantadora. La morena guapa, que fuma como un carretero y se toma un par de cafés solos, mientras que estudia sin quitarle la vista al teléfono móvil.
Esa, era la época en que Francisco dejó de ser tan encantador y dejó de llamarla y ella, empezó a darse cuenta de que sentía por él algo parecido a una obsesión paranoica. Entonces cogió el móvil, lo puso en silencio y lo guardo.

_ Mis compañeros, siguió explicando el simpático camarero, me han puesto al día sobre las costumbres y gustos de los clientes fijos. Es parte de nuestro trabajo observar y adelantarnos a vuestras necesidades. Dentro de una hora más o menos te traeré tu segundo café.

_ Gracias, Paco_ le dijo Laura, observando la placa dorada con el nombre grabado que el camarero llevaba asida a la camisa y abrió el libro sin percatarse de que alguien, en una mesa cercana, la observaba.

Después de varias páginas leídas, varias colillas en el cenicero y el pozo del café ya reseco en el fondo de la taza, Laura se arrepintió de haber silenciado el móvil. Dejó el libro, rebusco en el bolso y volvió a ponerle sonido. Francisco no había llamado, pero tenía un mensaje de su madre: “Hija, recuerda que esta tarde a las siete tienes cita con el dentista”. ¡Qué sería de ella sin su madre!

Su madre, una viuda de 55 años, pertenecía a ese grupo de mujeres que estaban en peligro de extinción. Ella no entendía como lo hacía, pero su madre era perfecta. Sin descuidar su propia parcela de tiempo dedicada a ella misma, que consistía en: el desayuno diario a las nueve de la mañana, con sus amigas en una céntrica cafetería, cercana a la plaza Mayor; la novela de las cuatro de la tarde, de la que no se había perdido un solo capítulo desde que comenzó, hacía ya más de un lustro y sus clases de taichí, tres días a la semana; era capaz de mantener la casa impoluta, con la despensa siempre llena y los armarios ordenados, llevar la agenda de sus dos hijas al día , encargarse de llevar y recoger a su nieto del colegio, este era hijo de su otra hija una abogada separada que sabía a la hora que entraba a trabajar en el bufet pero no a la hora que salía; preparar bizcochos y madalenas para las meriendas y todo esto sin descuidar su imagen. Siempre estaba arreglada y peinada para cualquier eventualidad, que le surgiera.

Al despertar de su ensoñación, con el móvil todavía en la mano y con esa sonrisa tonta en el rostro que siempre le provocaba el pensar en su madre, Laura se percató de que no estaba sola. Una señora de mediana edad y muy bien vestida, se levantó de su mesa y se acercó a la de Laura.
-¿Puedo sentarme? Le dijo aquella mujer a Laura, mientras tomaba asiento, sin esperar respuesta.

-¿la conozco? Le contestó Laura, algo molesta por su osadía.

-No, no creo que me conozcas, pero yo llevo varias semanas observándote.

-¿Observándome? ¿Usted a mí? Pero ¿con qué derecho….?

En ese momento se acercó el camarero simpático para preguntarles si tomarían algo más.

_un cortado por favor, a ella tráigale otro café solo y cóbrese - dijo la desconocida mujer poniendo un billete de 50 en la mesa.

_ Me imagino que estás desconcertada, pero voy a ir al grano directamente. Me llamo Lucia soy la directora de una agencia y quiero proponerte un empleo.

_¿Qué le hace pensar que estoy buscando empleo? Mire usted, soy estudiante, estoy en mi último año de carrera. Ahora mismo, lo único que quiero es acabar mis estudios, hacer un máster y quizás el doctorado. Después ya pensaré en trabajar. Además, no sé por qué le cuento todo esto, no me interesa y ya está.

En ese momento llegaban sus cafés y se mantuvieron en silencio hasta que el camarero se perdió de vista y entonces Lucia continuó.

_ me cuentas todo eso porque, realmente, quieres saber de qué se trata. La curiosidad es una virtud…. o un defecto, según se mire, en todo caso una cualidad, que tenemos la mayoría de las personas….

_ ¿Qué clase de agencia? La cortó lasura sin dejar que terminara la frase.

_ Bueno, umm…podríamos decir que, es algo parecido a una agencia de modelos.

_ Parecido, pero no igual.

_ No exactamente igual

Laura en estos momentos intuía de qué le estaba hablando esta señora pero preguntó:

_ Lucía ¿Cuál sería exactamente mi puesto de trabajo?

_ básicamente trabajarías de relaciones públicas y ganarías mucho dinero.

_ ¿Vendiéndome?

_ Todo el mundo se vende. ¿Qué crees que vas a hacer cuando termines los estudios? Irás a todas las agencias de publicidad que puedas y te venderás al mejor postor. ¿¡Quién da más!? Será una especie de subasta. Entregarás un curriculum donde explicarás todas tus facultades, tus capacidades, tus aptitudes, tu inteligencia, tu talento, tus habilidades y tus dotes. Te venderás, y te venderás muy bien, tú sabes hacerlo, estás estudiando para eso, para vender...a cambio de dinero.

_ Eso es pura demagogia.

_No, eso es la realidad, desde un punto de vista práctico, sin prejuicios ni convencionalismos obsoletos. Los deportistas venden su fuerza, su velocidad y su flexibilidad, los científicos veden sus conocimientos, sus métodos y sus técnicas, los obreros, jornaleros y funcionarios venden sus habilidades y capacidades, los militares venden…bueno los militares lo venden todo, ellos se deben a su país viven para la patrian, se convierten en maquinas sin voluntad y sin capacidad de decisión, sin ideas propias y obedeciendo a cualquier mandato y los políticos venden sus ideales y su dignidad, las putas su cuerpo y todos absolutamente todos vendemos nuestro tiempo.
Laura se mantuvo en silencio, lo que le dio pié a Lucia para continuar.

_ Mira Laura, no es tan malo como puedes pensar ahora, si me dieras la oportunidad de explicarte exactamente en qué consiste el trabajo, si me dejaras darte los detalles, estoy segura de que cambiaría tu opinión con respecto a mí, y realmente me verías como una oportunidad que no deberías dejar pasar. Te voy a dejar mi tarjeta, espero verte esta tarde a las 19:00 para hablar de las condiciones, necesito que te incorpores cuanto antes.

Sin decir nada más, la desconocida y extraña mujer se levantó y se marchó dejando a Laura totalmente confundida y sin saber si lo que le acababa de ocurrir había pasado en realidad. Miró su reloj _las cinco y media de la tarde, dentro de un rato tengo la cita con el dentista, me tengo que dar prisa_ recogió sus libros y apuntes, guardó el tabaco, no sin antes encenderse un cigarrillo más y guardó el móvil, no sin antes echarle una fugaz mirada, Francisco no había llamado.

_ Adiós Paco, hasta mañana_ le dijo Laura al simpático camarero antes de marcharse.
Cuando Laura llegó a su casa, se encontró sola. Su madre estaría en las clases de taichí, su sobrino en la academia de inglés y su hermana estaría aún en el bufet. La embriagó el aroma a café que inundaba la vivienda En su casa, la cafetera estaba casi todo el día encendida. Esa costumbre se incremento aún mas, a partir de que comenzaran a llegar a sus vidas una desgracia detrás de otra. Primero fue la muerte de su padre, luego la separación de su hermana y por último la relación de ella con un hombre casado. Entre ellas no había secretos y cada día, encontraban un ratito en el que se consolaban juntas, alrededor de la mesa de la cocina, a veces llorando, a veces riendo pero siempre a base de sobredosis de cafeína y nicotina.

Se sirvió una café y un trozo de esos mullidos y sabrosos bizcochos que hacía su madre y lo devoró sin dejar de pensar en lo ocurrido durante la tarde. Por pura curiosidad, cogió de su bolso, la tarjeta que horas antes le diera Lucia. La dirección no le era desconocida, aunque ahora no caía donde estaba exactamente esa calle, el nombre le sonaba bastante. –Bueno, que importa, no pienso ir- pensó Laura_ Se cepilló los dientes, cogió el bolso y salió dispuesta a hacerse la revisión anual de su boca.
_ ¡Dios mío!_ A pesar de no ser creyente, a Dios Laura lo nombraba varias veces al día, sobre todo en ocasiones como aquella, en la que se acentuaba su creencia en el destino y su evidencia ante ciertas señales, la convertía en alguien sin voluntad propia, incapaz de seguir la vida tal como ella la había planeado y obligándose casi sin darse cuenta a cambiar el rumbo de sus pasos.
Laura se quedó paralizada en la puerta del gabinete dental, mirando fijamente una placa colgada justo en la puerta de al lado, “Agencia ----------“1º B, Lucia Hernández.

_ ¡Dios mío!_ Volvió a repetir, mientras su dedo pulsaba el timbre de la agencia y su cabeza le decía que se estaba equivocando.


Madrid, 20 de Marzo de 2012


_ Sabía que terminaría doliéndome la cabeza_ se dijo Laura entrando en su casa_ ¡No vuelvo a salir a correr sin mi música! Me tomaré un ibuprofeno, que puede importar una pastilla más o menos.
Hacía años que Laura había dejado el tabaco pero se había hecho adicta al prozac y al lexatín.

Tenía un mensaje en el móvil, pero primero tenía que refrescarse. Después de una ducha tibia y delante de una taza de café caliente, leyó Laura el frio mensaje que Lucía le había dejado en el teléfono: “recuerda que esta tarde tienes una cita, llámame”.
_ Lucía ¿de verdad piensas que se me va a olvidar?

_ Olvidársete no, pero no sé….últimamente estás muy extraña. Laura, es muy importante, hemos trabajado mucho para llegar a donde hemos llegado.

_ ¿Hemos?

_Sí, hemos, somos un equipo. Ahora escúchame bien, te están esperando a las ocho, no tienes que preocuparte por nada, yo estaré allí para darte todas las instrucciones. Recuerda que este puede ser el mejor de todos los negocios que hayamos hecho. Ah! y muy importante, sobre las seis tienes que estar en casa, te llegará un paquete con el vestido y los zapatos que te pondrás.

_ no te preocupes Lucía, todo saldrá bien.
Laura no tenía ánimos para nada, ¡echaba tanto de menos su vida de estudiante, las quedadas con los compañeros y las charlas con su madre y su hermana cuando vivían juntas! Hacía sólo cinco años de aquello y sin embargo lo recordaba tan lejano. _ ¡Todo el mundo se vende! ¡todo el mundo se vende! _ Esa frase resonaba en su cabeza como una cantinela. Se tomó sus pastillas y se dispuso a adecentar un poco la casa. Ella no era tan limpia y ordenada como su madre pero necesitaba estar ocupada. Luego prepararía la comida, comería y se echaría un rato para tener buena cara por la noche. Lo que quedaba del día, se le pasaría rápido, arreglándose ¡Todo el mundo se vende!

Eran ya las siete, sólo le faltaba ponerse los zapatos. Mientras esperaba al taxi, al que todavía le quedaba un buen rato por llegar, se contempló al espejo. Esa tarde no le gustaba lo que veía, algo no iba bien. El vestido era precioso, ceñido pero no excesivamente provocativo, de color gris ceniza y los zapatos del mismo tono, de tacón muy alto. Le sentaba muy bien y estaba guapísima _ desde luego me hubiera sentado mejor con mi melena negra_ Echaba de menos su melena negra, echaba de menos tantas cosas. _ ¡Todo el mundo se vende! Daría lo que fuera por un cigarrillo_
_ Sólo falta un cuarto de hora .Laura , ¿estás preparada?.

_ Claro que estoy preparada, no es la primera vez que hago esto Lucía.

_ ¿sabes lo que tienes que decir, verdad?

_ Lucía estás muy nerviosa.

_ Porque tú estás rara

_ ya te están presentando, sales en un par de minutos, por favor, estate atenta_ le dijo a Laura un joven con unos auriculares con micrófono y un montón de papeles en la mano, al que ella sonrió amablemente olvidándose de Lucia.
El plató era muy grande o quizás, fueran las luces de los focos las que le hacía perder las proporciones reales de sus dimensiones, exactamente igual que en la vida real. La vida es como una ilusión óptica por la que nos dejamos engañar aún a sabiendas de que todo es falso, todo es mentira.
_ tengo que decirte que estás especialmente guapa esta noche _ dijo la presentadora a Laura_ ¿Quizás tenga algo que ver en ello la felicidad que te embarga en estos momentos?

_ La verdad es que en estos momentos soy tremendamente feliz_ mintió Laura.

_ Desde hace un par de meses_ continuó hablando la periodista_ se te ve por los locales de Madrid con el actor Roberto Fernández y al parecer hay fotos que lo confirman, ¿podemos entender que hay una relación importante entre vosotros dos?

_ Bueno…._ Laura se quedó pensativa ¡Todo el mundo se vende!

_ debemos recordar a nuestros queridos espectadores que a Laura la conocimos hace algunos años por otras relaciones anteriores que….
La periodista continuaba hablando y preguntando, intentando saber más y más sobre la vida íntima y privada de Laura. Una vida inventada, un guión creado para la ocasión con la intención de satisfacer la curiosidad de personas que, aburridas de su propia vida, entraban en este juego de la compra-venta de vidas humanas. Laura contestaba automáticamente las respuestas aprendidas, diseñadas para satisfacer el morbo de aquellas vidas vacías que cada noche se sentaban delante del televisor con la intención de llenarlas con rumores y chismes de personas con vidas aún más vacías que las suyas.

Laura mientras hablaba y sonreía y contestaba preguntas, pensaba y pensaba….todo el mundo se vende, los deportistas, los científicos, los obreros…. las prostitutas. La mente de Laura no paraba, si todo el mundo se vende ¿Porque solamente se le llamaban prostitutas a ellas, a las mujeres que venden su cuerpo?¿por qué tantos prejuicios contra ellas? Al fin y al cabo, ellas venden el exterior, el envoltorio, el estuche que las envuelven pero la persona es algo mucho más importante, la persona es el interior, el alma….

De repente Laura dejó de sonreír y se levantó y empezó a caminar hacia la oscuridad del plató, detrás de los focos _ ¿Laura que haces?_ Preguntó la periodista en un susurro. Laura no hizo caso y siguió caminando ante la asombrada mirada de todos los presentes. ¡Todo el mundo se vende! pero ella en esos momentos se sentía la más puta de todas las putas. Había vendido su vida, lo más preciado que tenía.
_ Y si, paradójicamente, realmente nada hubiera ocurrido. Y si después de todo, al final sólo hubiera sido una fantasía, una de esas que imaginamos en nuestras noches de insomnio, una de esas que sólo ocurren en nuestra mente, donde nada puede hacernos daño, una de esas que inventamos para contrarrestar una aburrida realidad_ se decía Laura mientras su madre la ayudaba a darse un tinte color negro a su melena. _ Creo que sí, que todo puede haber sido mentira, creo que puedo creerlo, es más, voy a creerlo, de hecho lo sé. Nada ha ocurrido, mi vida vuelve a estar serena…. vuelvo a ser yo. Aunque no sé que voy a hacer a partir de ahora con mi vida, si sé que voy a hacer ahora con mi pasado_.
_¿Puedo sentarme? Le dijo aquella mujer a Laura mientras tomaba asiento sin esperar respuesta.
_ ¿la conozco? Le contestó Laura, algo molesta por su osadía.

_ No, no creo que me conozcas, pero yo llevo varias semanas observándote.

_ ¿Observándome? ¿Usted a mí? Pero conque derecho….

En ese momento se acercó el camarero simpático para preguntarles si tomarían algo más

_un manchado por favor, a ella tráigale otro café y cóbrese _ dijo la desconocida mujer poniendo un billete de 50 en la mesa.
_No Paco, yo no tomaré nada, he recordado que tengo cita con el dentista.

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